El debutante Juan del Álamo se
robó la tarde y cautivó a Manizales con dos faenas a toros antagónicos de
Mondoñedo, uno bravo y otro manso, les cortó tres orejas y se fue a hombros.
Perlaza saludó y De los Riós aburrió con un lote parado.
JORGE ARTURO DÍAZ REYES
Foto: EFE-Archivo
A las tres y media entró el joven salmantino, de blanco y
plata, montera en mano, como una incógnita, y las seis y veinte, cuando caía la
noche, se fue cargado y dueño de la
Monumental. ¿Cómo lo hizo? Como un torero, de todo toro. Lució al gran tercero
y descifró sometiendo al impotable sexto.
Saludó por verónicas, quitó por chicuelinas, brindó a César
Rincón y se fajó en tandas derechas rimadas, emotivas, enfibradas, subrayadas
por la codiciosa repetición del Mondoñedo. Cambió a la de cobrar, sin aflojar
el tono, para series de cuatro y cinco con sus broches, todo en los medios,
todo coreado, todo resoplado por la banda. La plaza a tres cuartos eran una
rumba, la fiera fijeza del uno y la verdad festiva del otro la llevaron in
crescendo, hasta las cuatro manoletinas apretadas, el estocadón también en los
medios, levemente pasado por la entrega, que rodó Y reclamó las dos orejas
unánimes.