@zabaladelaserna
En el otoño de 1992, Miguel Espinosa
"Armillita" soñó el toreo en Madrid. El empaque, la naturalidad, el
temple dormido de sus muñecas. Aquella faena imborrable, aquella manera de
torear inolvidable, lo catapultó por la Puerta Grande de Las Ventas. La afición
venteña enronqueció. Una berraquera, una catarata, un volcán de oles.







