Una
oreja para Álvaro Lorenzo y una más para Ginés Marín se antoja botín escaso para
lo que albergaba el fondo del encierro charro
MARCO A.
HIERRO
Fotos: Luis
Sánchez Olmedo
Viendo el resultado numérico y la impresión
subjetiva del inicio del San Isidro del exilio, uno comprende por qué no se ve
más una ganadería con los números de El Pilar en los carteles de campanillas.
Es verdad que está en las ferias importantes, es verdad que goza de prestigio y
es verdad que Moisés Fraile defiende muy bien lo que vale cada toro, porque si
no lo va a vender bien, lo mata José Tomás a puerta cerrada y al menos se pega
un homenaje. Pero sin perder un ápice de dignidad. Y con el tremendo banco de
pruebas del que más lento late el toreo. Porque embiste tan sumamente lento el
raboso pilarón que ni cuando sale uno malo deja de atisbarse la calidad. Y deja
dudas también del que está delante. Por eso es fácil escuchar por lo bajini
–entre los que visten de luces- lo de “ni una más”.








