*** El
coloso de Gelves concedió diez alternativas durante su vida taurina. *** Cinco
de esos matadores que recibieron los trastos de sus manos encontraron la muerte
en las astas de los toros.
ÁLVARO R.
DEL MORAL
Diario EL
CORREO DE ANDALUCIA
La figura totémica de José Gómez Ortega –Gallito
en los carteles- sigue prestando hilos de los que tirar. El revisionismo
contemporáneo de su figura ha permitido comprobar la auténtica dimensión
taurina y social de un torero de breve vida y férreo reinado que no gozó de
cantores literarios. Belmonte contó con Chaves Nogales, que trazó un magistral
retrato literario del diestro trianero. José tuvo que esperar 80 años y a otro
libro –‘El Rey de los toreros’, de Francisco Aguado- para ver reivindicada su
auténtica trascendencia taurina. Ese trabajo fue el pistoletazo de salida para
profundizar en otras aristas y facetas del torero, más allá de los ruedos y de
lo que ya se sabía: desde su intimidad personal y afectiva, hasta su relación con
el mundo de las cofradías y devociones sevillanas.









