Roca
Rey y Colombo por la Puerta Grande, con materia prima de distinta condición, en
un estado de triunfalismo apasionado no del todo justificado por parte de un
palco presidencial sin rumbo ni criterio. *** Garrido “toca pelo” ante una
labor metódica y pulcra en especial por la mano izquierda.
RUBÉN DARÍO
VILLAFRAZ
@rubenvillafraz
Fotos:
Federico Montes
SAN CRISTÓBAL
(Enviado Especial).- Era la tarde esperada por todos. El ambiente estaba
dado para esas corridas que se marcan con un asterisco en el recuerdo de los
aficionados. Pero una cosa propone el hombre y otra lo descompone el toro. Como
en realidad al final ocurrió. Se cortarían seis orejas, en un reparto abultado
para lo que en realidad se vio en la arena. Esa es la verdad.
El encierro de Los
Aránguez ha sido un lote muy disparejo e irregular en cuanto a
comportamiento se refiere, siendo el más potable del envío el corrido en tercer
lugar, bravucón, de geniuda embestidas que no del todo fue entendida por su
lidiador. Los demás, sacaron escaso recorrido, nulo celo a las telas y en especial
a menos en los engaños, lo que condicionó que los espadas actuantes se
limitaran a lucirle más de lo que en verdad otras manos hubiesen sido visto.







