RUBÉN
DARÍO VILLAFRAZ
@rubenvillafraz
No es fácil
el panorama que luego de la aprehensión y traslado del depuesto presidente
venezolano Nicolas Maduro se cierne sobre todos los estamentos que componen el país,
en especial el político y económico. Venezuela, una nación petrolera, de
grandes yacimientos de minerales y otras riquezas, se encuentra en la
encrucijada que implica el cambio de un nuevo cambio de orden en todo lo que ha
implicado el “chavismo” y el “madurismo” desde febrero del 1998.
En tan
sentido la fiesta brava también se ve implicada, como espectáculo de ocio
supremamente golpeado por las condiciones que ha tenido que pasar el país en
todos estos años, a tal punto de verse como un espectáculo testimonial para lo
que fue en sus mejores momentos, los recordados años ’60 y ’70, donde se
levantaron plazas monumentales, se crearon ganaderías y en especial se fomentó afición.
Esta
tensa calma que ahora acongoja a los aficionados no se compara con la
incertidumbre que implica demás estamentos elementales del país, pero sin
descuidar el hecho por ejemplo que para finales de este mes se tenga pautado
realizar la Feria de San Sebastián en San Cristóbal, serial compuesto por tres
corridas de toros con carteles ya en la calle y nutrida presencia de toreros
españoles, o como el caso de la Feria del Sol de Mérida, con toreros
contratados anunciados pero sin rematar combinaciones que estarían llevándose a
cabo, la segunda semana de febrero.
Importante
destacar que Venezuela ha vivido durante años instalada en una burbuja de
provisionalidad, donde el día a día marcaba el pulso de la vida social,
económica y cultural. Sin embargo, el momento actual va más allá de la rutina
de la incertidumbre: el país amanece cada jornada sin certezas, y ese clima se
traslada de lleno a la organización de los festejos taurinos.
La Feria Gigante
de América como es San Cristóbal lo más próximo…
Decíamos que
la gran cita tachirense de finales de enero próximo está con carteles anunciados
a comienzos de diciembre pasado. El detalle ante el panorama que implica la caída
del régimen de Maduro, así como las posibles en los próximos días que supone
este cambio brusco de gobierno, el que hasta los momentos poco o nada,
entendiendo los acontecimientos tan recientes que se han escenificado en la ciudad
capital, lejos del epicentro taurino que implica la capital sancristobalense.
San
Cristóbal en estos momentos vive un ambiente de prudente cautela. La promoción
avanza de dichas combinaciones, sí, pero el contexto político y social mantiene
en vilo tanto a empresarios como a profesionales, aficionados y autoridades.
Nadie se atreve a garantizar que las condiciones de seguridad, logística y
respuesta del público se mantengan estables conforme se acerquen las fechas.
Otro
panorama lo representa la cita ferial merideña de mediados de febrero próximo.
la Feria del Sol o el también llamado “Carnaval Taurino de América”, permanece
prácticamente detenida. Y eso es lo que más preocupa al aficionado. A estas
alturas del calendario, lo habitual sería contar ya con los carteles oficiales
del abono, pero no se ha hecho público nada más allá de algunos nombres
sueltos: Emilio de Justo, Tomás Rufo, y Olga Casado, Jesús Enrique “Colombo”,
los tres primeros anunciados como debutantes en el ruedo merideño, tras
dirimirse la disputa legal con el ente que administra el coso, cuya mayoría
accionaria pertenece al gobierno regional, y los empresarios vigentes, quienes
prefirieron hacerse a un lado ante en pantanoso matiz que estaba tomando anómala
situación.
Circunstancia
importante señalar que para ambas citas es la misma empresa taurina la que
organice dichos periplos feriales, gestores que así mismo compete la responsabilidad
de mantener la categoría de los mencionados ciclos taurinos con toreros
llamativos para un aficionado que se encuentra del mismo modo corto de ingresos,
y priorizando al máximo sus prioridades básicas antes que el ocio.
Un país en
vilo, ferias en suspenso
Para este
próximo fin de semana esta pautado los primeros festejos taurinos del año, a
realizarse en la localidad trujillana de Escuque, corrida mixta y festival cómico,
con presencia de un llamativo cartel de toreros nacionales en su mayoría, pero
con el agravante del momento en que nos encontramos.
La
inseguridad jurídica, la fragilidad económica, las dudas sobre movilidad,
permisos y asistencia de público conforman un escenario que frena cualquier
decisión firme, como en el caso de los festejos del próximo fin de semana, bajo
la organización de los veteranos empresarios ejidenses Hermanos Rodríguez Jáuregui.
A nivel
empresarial, la tauromaquia se mueve hoy en Venezuela en un terreno
extremadamente delicado. Si durante años el sector aprendió a sobrevivir “al
día”, el escenario actual multiplica los riesgos. La posible reconfiguración
del poder político abre expectativas para algunos, pero también genera temor a
corto plazo. Nadie sabe qué ocurrirá en los próximos días o semanas, y esa
falta de horizonte claro es letal para una actividad que necesita
planificación, inversión y estabilidad.
La caída
de Maduro —o un cambio profundo en el tablero político con la entrada en escena
del gobierno norteamericano— podría, a medio plazo, abrir una nueva etapa para
la cultura y la tauromaquia en Venezuela, en especial con el añorado proyecto
de rehabilitar plazas cerradas de suma importancia como las de Valencia,
Caracas o Maracaibo, son mencionar las demás del resto de la provincia nacional.
Pero, a corto plazo, el efecto es el contrario: parálisis, prudencia y máxima
incertidumbre.


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