Cinco
orejas y un toro indultado
| Nuevo capítulo triunfal para Jesús Enrique “Colombo” este domingo, en su histórica encerrona en suelo peruano. Foto: Federico Montes |
RUBÉN DARÍO VILLAFRAZ
@rubenvillafraz
Gran espectáculo, de principio a fin, el que ofreció
la tarde de este domingo el diestro taribense Jesús Enrique “Colombo” en el
marco de su encerrona en solitario ante seis toros de distintos hierros, en el
marco de la segunda corrida de la Feria de la Virgen del Rosario, escenificada
en el ruedo de la Plaza de Toros "Germán Contreras Jara", convirtiéndose
de esta manera en el primer torero venezolano que hace esta gesta fuera de nuestras
fronteras.
Con plaza llena, en tarde agradable en cuanto a climatología,
se lidiaron reses de las ganaderías peruanas de Paiján, Puerto San Luis y
española de Polo Saiz, correctos de presentación y de distinto juego,
destacando el corrido en 6º lugar, el cual fue indultado.
Sería una actuación de mucha variedad capotera y
especial entrega en cada uno de los capítulos que permitieron los toros
despachados, cada uno permitiendo momentos de lucimiento, a excepción del
debilucho tercero que literalmente se sostenía en alfileres. El astado
indultado partencia al hierro de Paiján y llevó por nombre «Dilan El Consentido».
El balance de la tarde fue el siguiente:
Jesús Enrique “Colombo” como único espada: oreja, dos
orejas, silencio, palmas, ovación y dos orejas y rabo simbólicos tras indulto. Saldría
en hombros entre multitud de aficionados que desde toda la geografía peruana se
dieron cita al gran acontecimiento que significaba la tarde de este domingo
para el toreo venezolano.
Doble Puerta Grande para Ferrera y Román este
domingo ante duros toros del hierro de Adolfo Martin en Madrid
El veterano diestro extremeño Antonio Ferrera, con
maestría, y el valenciano Román, con valor, se impusieron este domingo a una
corrida de Adolfo Martín, complicada en general, de la que ambos obtuvieron par
de orejas cada uno que les llevaron a compartir la salida a hombros por la
Puerta Grande de Las Ventas, que atravesaron ambos por segunda vez consecutiva
esta temporada.
Dentro de las distintas complicaciones que, en
mayor o menor medida, desarrollaron los cinqueños cárdenos cacereños, los dos
protagonistas de este mano a mano lograron imponerse a su manera, pero muy
sobradamente, sacando de todos ellos, a excepción del buen sexto, mucha más
emoción, por una u otra vía, de la que parecía ser posible en principio, tal y
como señala en su crónica el periodista de la agencia EFE, Paco Aguado.
En su caso, Ferrera tiró de su amplia experiencia,
de una maestría acumulada en cientos de corridas "duras", y que se
tradujo, ya de partida, en una perfecta y ordenadísima manera de dirigir la
lidia junto a su excelente cuadrilla, lo que sirvió para que sus tres toros
llegaran al último tercio en mejores condiciones de las iniciales.
No se llevó trofeo de su primero, un toro de
exagerada cuerna alirada, que se frenó y se defendió a causa de sus medidas
fuerzas, por mucho que el de Badajoz se lo pusiera todo a favor. Pero sí que lo
obtuvo ya del tercero, con el que desplegó de principio a fin ese excelente y
largo oficio, que incluyó también, durante toda la tarde, tanto el hecho de
elegir perfectamente los terrenos como el de sacar a los toros de debajo del
peto con los más variados quites.
También se dejó hacer el quinto, aunque ante la
muleta comenzara reservándose un tanto, sólo que con la clara virtud de
humillar que Ferrera aprovechó también al máximo. De nuevo dejando espacio en
los cites, ayudó a que el de "adolfo" tomara celo y, aunque a falta
de mayor profundidad en el final de los pases, siguiera una muleta que le
condujo templado lo mismo con la zurda que con la diestra, también sin la espada
de ayuda.
Los últimos naturales de la faena, totalmente
"roto" y entregado el veterano diestro, fueron los que terminaron de
poner en pie a unos tendidos que volvieron a asombrarse con otra estocada poco
habitual, en la suerte de recibir y citando a diez metros al de
"adolfo", que no tardó en caer aun a pesar de ciertos defectos en la
colocación del acero.
Se aseguraba así Ferrera esa salida a hombros que
todavía no tenía confirmada Román cuando salió el sexto. Hasta entonces, el
valenciano se había jugado literalmente las femorales con los dos primeros de
su lote, que sacaron un manifiesto peligro, tanto por lo que midieron cada
arrancada, o, mejor dicho, oleada, como por el sentido que desarrollaron,
colándose a menudo con pésimas intenciones.
Aun así, Román nunca volvió la cara, sino que
persistió una y otra vez ante las amenazas ya con el primero, al que pudo sacar
una buena tanda de naturales antes de que el animal se negara a embestir con
franquía y le obligara a un largo esfuerzo que provocó únicamente una leve
petición de oreja.
Claro que el cuarto, un muy serio y hondo
ejemplar, le forzó aún a mayores riesgos reservándose y escarbando en cada
cite, a la espera de una mínima duda o de un exceso de confianza para echarse
al torero a los lomos, como acabó sucediendo en la tercera serie de pases con
la derecha.
No hubo heridas que lamentar, salvo algún varetazo
producido en los constantes cabezazos que soltó el toro cuando tuvo al torero a
su merced, y así pudo Román disfrutar, como compensación, de la buena condición
del único toro con claras posibilidades del encierro, ese sexto, astifino desde
la cepa, que desde el primer momento tomó los engaños con entrega y ritmo.
Mantuvo el interés Román, pero sin desatar el
entusiasmo hasta una última tanda, esta sí redonda, que precedió al efectivo,
más que buen, espadazo, y a que esa ola de alegría del público, que volvió a
llenar la plaza, le arrastrara a él también, con otra oreja más, en esa doble
salida a hombros tan rarísima de ver en esta plaza monumental.

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