Este
lunes ante una exigente novillada de Alcurrucén
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| Gran actuación del joven diestro Rafael de la Cueva, testigo todo el mundo ante las cámaras. Foto: J.L. Cárdenas |
El novillero de San Cristóbal, Rafael de la Cueva,
dejó este lunes la actuación más sólida de la quinta novillada del Alfarero de
Oro, cortando la única oreja de la tarde, saliendo de la enfermería infiltrado para
enfrentarse al imponente sexto. Los otros novilleros del cartel, López
Peregrino y Juan Alberto Torrijos mostraron disposición, pero también su
bisoñez ante una novillada que exigió conocimientos y oficio, todo ello ante las
cámaras de OneToro y Castilla la Mancha Media.
Alcurrucén lidió una novillada con cuajo,
presencia y exigencia, complicada en distintos grados salvo el buen tercero.
Una prueba de conocimientos ante la que Rafael de la Cueva marcó diferencias
por concepto, capacidad y, especialmente, compromiso.
El tercero permitió mayores posibilidades y De la
Cueva supo aprovecharlas. Toreó con suavidad, armonía y ajuste, componiendo
especialmente al natural en una faena medida y de buen concepto que remató con
media estocada. Una oreja que terminó siendo el único trofeo del festejo.
Pero su tarde tuvo todavía mayor dimensión por lo
sucedido después. Resentido de la lesión de hombro sufrida días atrás en Alcalá
de Henares, tuvo que pasar por la enfermería para ser infiltrado tras el medio espadazo
tendido y traserito con la que despachó al tercero de la función. De allí
regresó para enfrentarse al serio e imponente sexto, ante el que mostró
decisión y compromiso pese al dolor y las escasas opciones de lucimiento.
Incluso resultó volteado al entrar a matar, acusando visiblemente la lesión.
López Peregrino y Juan Alberto Torrijos no
escatimaron disposición, pero los exigentes Alcurrucén también dejaron al
descubierto la bisoñez propia de dos novilleros todavía en proceso de
formación.
Peregrino tuvo mérito ante el descompuesto primero
y dejó ante el cuarto una faena con gusto, suavidad y detalles de toreo añejo,
aunque sin terminar de imponerse plenamente. Torrijos se mostró firme ante el
complicado segundo y trató de resolver las bruscas acometidas del quinto, un
ejemplar de enorme presencia y áspera condición.
Fue, en definitiva, una tarde de examen.
Alcurrucén puso seriedad, cuajo y dificultad; Villaseca puso la exigencia. Y
Rafael de la Cueva respondió dando un paso adelante, tanto por el toreo
mostrado como por la responsabilidad asumida cuando el físico pedía lo
contrario. / www.desdelcallejon.com

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